El ideal en el paisaje. De Meifrèn a Matisse y Gontxarova

8/19/2014 Beldz 0 Comments

 
El ideal en el paisaje.
De Meifrèn a Matisse y Gontxarova
Del 13 de julio al 19 de octubre de 2014
Espai Carmen Thyssen (Sant Feliu de Guíxols)

Desde un punto de vista estético, la exposición explica la evolución de la mirada ante el paisaje, así como el cambio en la técnica pictórica a la hora de trasladar las emociones recibidas. Hay un tema recurrente: el paisaje de mar, y sobre todo, el mar como espacio de disfrute, de vacaciones; un concepto del siglo XX. Lo ideal en el paisaje también está representado en los cuadros de montañas o de jardines, como el espacio evocador del paraíso perdido.

El ideal es un estado de perfección absoluta, un modelo que todos pretendemos alcanzar. ¿Pero logramos llegar a la cima o tan sólo nos aproximamos a ella? ¿Creéis que lo ideal es una utopía? El ideal, en estética, es la forma en que un artista recrea la realidad. El artista, a través del ideal estético, observa, plasma y domina la naturaleza. Podríamos decir que la perfecciona conforme a sus aspiraciones. Es la manera que posee para llegar a un estado ideal. El artista, en resumen, alcanza el ideal a través de su creación. Eso ocurre con todos los estilos artísticos, pero el que nos ocupa aquí es el del género paisajístico. El paisaje es un género que pretende plasmar la naturaleza que nos rodea. Esa naturaleza primigenia ha sido representada de diferentes maneras a lo largo de la historia del arte. Depende de cada época y de su tipo de sociedad. La mirada ante el paisaje evoluciona y se transforma con el paso del tiempo: desde que surgió como género independiente en el siglo XVII hasta la actualidad, el paisaje ha ido tomando variedad de formas relacionadas con la propia observación de cada artista.


El ideal en el paisaje. De Meifrèn a Matisse y Gontxarova pretende mostrarnos el desarrollo de la pintura de paisaje desde el siglo XIX hasta nuestros días. Nos hace observar la manera en que los artistas trasladaban al lienzo las emociones que experimentaban ante la naturaleza. Así, en un paisaje naturalista, el artista representaba el paisaje de una manera realista, desmarcándose de la subjetividad del artista romántico y saliendo al exterior a pintar en plen air; en un paisaje impresionista, intentaba captar el instante, la sensación cromática que producía la luz sobre los objetos; en un paisaje expresionista, lo subjetivo volvía a tomar protagonismo e inundaba el lienzo de emociones personales, de sentimientos cercanos a la melancolía neoromántica; y en un paisaje moderno, el artista desata el eclecticismo, va más allá de la imitación de la naturaleza y se pregunta: ¿podemos alcanzar el ideal en el paisaje? 

La exposición se organiza alrededor de tres temáticas que tratan el ideal en el paisaje: el mar como espacio de disfrute, las montañas o los jardines como lugares que evocan el paraíso perdido, y la figura humana que los dota de trascendencia. Estas tres temáticas se desarrollan en su plenitud desde el naturalismo del siglo XIX hasta el arte contemporáneo; y sus pilares centrales, los que ha querido remarcar la exposición, son tres grandes artistas de la pintura: Eliseu Meifrèn, un extraordinario pintor catalán enmarcado entre el naturalismo y el impresionismo; Matisse, que con su técnica pictórica de estilo fauve abre las puertas al expresionismo; y Gontxarova, una importante artista rusa que se inspiró en el primitivismo folclórico para trasladarlo al arte de vanguardia.

Siempre es una alegría el poder asistir a una exposición con obras de la colección Carmen Thyssen. La calidad está asegurada, y el entorno en el que se exponen, también. El Espai Carmen Thyssen de Sant Feliu de Guíxols está ubicado en el antiguo Palacio del Abad del monasterio de Sant Feliu: El monasterio benedictino, junto al mar, fue fundado en la primera mitad del siglo X. Su aspecto de castillo se lo debe a las torres de defensa y vigilancia que la rodean. El Palacio del Abad tenía la función de residencia abacial y aún conserva un aire de casa señorial. El palacio está comunicado con el resto del monasterio por los pasillos que hay en cada piso, tenía acceso directo a la sacristía, a la biblioteca y al camino de ronda que bordeaba la nave de la iglesia. Genial, ¿verdad? Os animo a visitar esta magnífica exposición, en la que encontraréis obras de Jongkind, Boudin, Daubigny, Jozef Israëls, Modest Urgell, Ramon Martí Alsina, Monet, Renoir, Sisley, Gauguin, Matisse, Bonnard, Léger o Walt Kuhn, entre muchos otros. 

El paisaje naturalista

La estética naturalista busca el tratamiento realista del paisaje, pero desmarcándose de la representación de la fotografía de aquel entonces. La expresión de la naturaleza imitada parte del análisis objetivo de la contemplación de los objetos, pero se libera de la pátina romántica que confiere a la mirada la huella anímica, el sentimiento que se despierta en la contemplación subjetiva del paisaje.

Eugène Boudin 
Étretat. El acantilado de Aval (1890) 

Ernest-Ange Duez 
Madre e hija en la playa (1885)

Charles-François Daubigny 
Salida de la luna en las riberas del río Oise (1874)

Stanislas Lépine 
El Sena en el puente de Sèvres (1876-1880)

Edward Henry Potthast 
Escena de playa (1915)

Captar el instante

Los pintores impresionistas captaron tanto la necesidad de una renovación del lenguaje plástico como el hecho del nuevo diálogo con la manera de captar el entorno que ofrecían las teorías de Helmholz. Teorías que iban de la mano con el posicionamiento objetivo y de carácter científico que ya se había iniciado con el desarrollo de la pintura naturalista a plein air y que ahora, con el impresionismo daría un paso más. La pintura para los impresionistas toma como objetivo la experiencia del paisaje condicionada por las disposiciones físicas de nuestra visibilidad subjetiva.

Monet 
Marea baja en Varengeville (1882)

Renoir 
Campo de trigo (1879)

Sisley 
Claro de un bosque (1895)

Hacia el paisaje expresionista

El impresionismo no daba respuesta a los artistas que buscaban una utilización del color basada más en el estudio científico de la composición de la luz. Es lo que conocemos como puntillismo o divisionismo. A principios del siglo XX, como reacción al carácter positivista que tomó la pintura hacia finales del siglo XIX, se inició un nuevo movimiento pictórico, el expresionismo. Nos traslada a una percepción más subjetiva de la realidad, una prolongación del estado de ánimo a la atmósfera que dibuja los espacios, normalmente agitados, inquietos.

Henri-Edmond Cross 
Playa, efecto de tarde (1902)

Henri Manguin 
Las estampas (1905)

Maurice Prendergast 
Arco iris (1905)

Max Pechstein 
Casa en la Kuhrische Nehrung (1909)

Tránsito a la modernidad

La dedicación que la colección Carmen Thyssen hace al arte del siglo XX pone de relieve que en este período lo que se pone de manifiesto en el arte es una transformación de la sensibilidad reflejada más en la exploración del lenguaje plástico que no en la imitación de la naturaleza y lo que se desprende de ella. La diversidad, la convivencia de lenguajes que se han ido desarrollando desde la subjetividad del artista dan lugar a un evidente eclecticismo estético.

Walt Kuhn 
Bañistas en la playa (1915)

Olga Sacharoff 
Paisaje idílico (1953)

Michael Andrews 
Daylesford (1984)

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Siete días en el mundo del arte: un análisis

8/10/2014 Beldz 2 Comments


El mundo del arte contemporáneo es complicado. La auténtica creación parece verse sometida a las leyes del mercado, al dinero de los grandes magnates. El arte está en manos de los elitistas. Los que manejan grandes sumas poseen el control. Diariamente nos asombramos del coste que alcanzan en las subastas las pinturas de Van Gogh, de Cézanne, de Renoir, de Picasso... o de artistas más recientes, como Andy Warhol, Francis Bacon, Lucien Freud, Jeff Koons o Damien Hirst. Cuando se proyecta una gran subasta de arte antiguo o contemporáneo, empiezan a moverse todos los engranajes de la sociedad poderosa, acaudalada, ávida de arte: salen de caza. Muchos lo consideran una inversión, otros se gastan el dinero porque pueden, para saciar su placer. Un cuadro de un artista reconocido asciende a precios desorbitados. ¿Pero qué significan cien millones de euros para alguien que posee cinco, seis o siete veces más? ¿Es lícito vender arte a estos precios? ¿Llegará a explotar la burbuja del arte contemporáneo? Llegados a este punto me pregunto: ¿se aprecia el arte o es una simple máquina de hacer dinero? ¿Cómo puede un artista llegar a ser alguien en un mundo dominado por las grandes élites? 


Si queréis obtener respuestas a estas preguntas, quizá os interesará leer Siete días en el mundo del arte, de Sarah Thorton. La autora, a través de diversos capítulos -la subasta, la crit, la feria, el premio, la revista, la visita al estudio, la Biennale-, nos ofrece un recorrido por el arte actual. Descubriremos los entresijos del mercado del arte, los esfuerzos de los artistas por abrirse camino o el funcionamiento de la crítica de arte. Es un libro basado en experiencias y entrevistas. Es ameno, directo. Para mí, sólo tiene un problema: se respira en cada página un aire pedante, de intelectualismo moderno, que me irrita. En pocas palabras: es demasiado snob. La autora se ve forzada a utilizar ese pretencioso estilo porque así es el mundo que retrata: frívolo. ¿Dónde está ese arte íntimo y delicado, la emoción de experimentar la contemplación de un cuadro? Desde luego, yo no lo veo en el mercado del arte. Para ilustrar ese concepto de grandeza y exceso en el arte que transmite Sarah Thorton en su análisis, he seleccionado algunas frases que os servirán para comprender mejor: frases sobre museos, casas de subastas, ferias de arte, galerías y artistas. Elementos que, unidos y bien coordinados, forman el conjunto del arte contemporáneo actual.

 




 
 
 

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