Construyendo catedrales... para alcanzar el cielo

2/22/2013 Beldz 6 Comments


Muchos de vosotros sabéis que me encantan las series de época y la Edad Media. Intento no perder nunca la oportunidad de ver cualquier adaptación que una esos dos conceptos. Estos días, por ejemplo, me apeteció revisionar Los Pilares de la Tierra (2010), una serie de ocho capítulos basada en el célebre libro de Ken Follett -y que tuvo su secuela a finales del año pasado con la adaptación de su continuación, Un mundo sin fin-. La acción transcurre en la Inglaterra del siglo XII; en concreto, en el pequeño pueblo de Kingsbridge y en sus alrededores. Al mismo tiempo que se desencadena una guerra de sucesión al trono, se desarrollará la historia de la construcción de su catedral, plagada de infortunios.


Debo reconocer que el libro me gustó mucho. Como hace ya diez años que lo leí, no estoy en condiciones de compararlo con la serie. No puedo asegurar, ahora mismo, que sea una buena adaptación. Eso sí, como serie de entretenimiento, cumple las expectativas. Está bien documentada, como veremos a continuación, y cuenta con unas interpretaciones excelentes. Pero no quiero extenderme sobre la serie, sino que lo que me apetece comentar tiene que ver con un aspecto importante que aparece en ella: cómo se construyeron las catedrales. Precisamente el mismo día que empecé a revisionarla, me topé con un artículo interesantísimo que analiza la tarea del maestro constructor y nos esboza los elementos que debían tener en cuenta a la hora de construir estos inmensos edificios góticos. El artículo, que podéis leer pulsando en este enlace, se títula Master builder of the Middle Ages and design build of today: an analysis and comparison. Lo que pretendo es resumir un poco algunos capítulos de este artículo para que entre todos nos hagamos una pequeña idea sobre este tema. Podréis comprobar que en la serie, si la habéis visto, aparece bastante bien representado.

Introducción:

La catedral era el gran edificio de la Baja Edad Media. Uno de los mayores períodos de construcción fue, precisamente, alrededor de 1200. La catedral simbolizaba el sentimiento concreto de una época: representaba un modo de vida. Como muy bien comenta Tom Builder en la serie, la catedral es la antesala de Dios. Está a medio camino del cielo. Y la luz... la luz lo es todo. Se intentaron crear catedrales altísimas para poder estar más cerca de Dios. Era, al mismo tiempo, una obra de arte y una gran obra de construcción.

Maneras de obtener financiamiento:

Construir una catedral no era tarea fácil. Una de las cosas que más preocupaba a sus patrocinadores era el financiamiento, es decir, conseguir el dinero necesario para empezarla o restaurarla, si se diera el caso. El método usual para construir una catedral era crear un fondo que estaba provisto de una parte de los impuestos regulares que recibía la Iglesia. Por ejemplo, el diezmo era un impuesto del diez por ciento sobre la cosecha de los campesinos que se destinaba al mantenimiento del clero y de los edificios religiosos. A partir del siglo XIII, otra forma común de obtener dinero y garantizar su construcción fue la venta de indulgencias: el creyente pagaba un precio para obtener el perdón por sus pecados. Tampoco era extraño organizar una pequeña campaña militar con la intención de saquear, para después vender, las posesiones de otros. Una manera bastante radical de adquirir dinero, pero que, por desgracia, se practicaba.

No obstante, uno de los recursos que encuentro más interesantes es el de la veneración de las reliquias. Era importantísimo, para el prestigio de la localidad y para obtener una buena parte del financiamiento necesario, que se conservara la reliquia de un santo. Si hacía milagros, mucho mejor, pues acudiría más gente. Esas masas de gente aportarían el poco dinero que tenían para garantizar un cobijo digno a esta reliquia. Cuando la localidad tenía el dinero necesario para financiar y avanzar la construcción, el progreso constructivo era rápido. No es cierto el tópico de que se tardaron cientos de años para completar una catedral. Cuando había dinero, se construía a buen ritmo.


Transporte:

La catedral se construía con piedra y, para los soportes, también se necesitaba madera. La madera, básicamente, se utilizaba para asegurar el tejado antes de la construcción de la bóveda y para poder consagrar con antelación la iglesia -sabéis que una iglesia podía ser consagrada antes de ser finalizada. Tan sólo hacía falta que estuviera levantada la zona del altar-. Era importante tener una buena cantera que suministrara una piedra adecuada y abundante. El problema principal era, no obstante, los costes de transporte. Lo ideal era que la cantera estuviera lo más cerca posible del lugar de construcción, pero no siempre se daba este caso. Los costes de transporte eran tres o cuatro veces más que los de extracción. Salía más económico si había la posibilidad de transportar la piedra por río. Si no, se utilizaban bueyes o carros tirados por caballos.

Organización:

¿Cómo se organizaba el trabajo en la construcción de una catedral? Podemos dividirlo en dos grupos: por una parte estaba el cliente, que era el abad o el prior y su convento. El abad o el prior designaba unos supervisores generales para las operaciones de construcción -en el artículo los llaman master of the works y controller-. El capítulo catedralicio era el que se encargaba de buscar financiamiento, organizar los pagos del material y designar al maestro constructor. Y, por otra parte, estaba el maestro constructor y sus asistentes, o la fuerza de trabajo. Esta fuerza de trabajo estaba formada por albañiles -o artesanos- especializados en el trabajo de la piedra. En el artículo los llaman stone mason, y era una clase bastante acomodada si el proceso de construcción no se paralizaba: tenían un buen salario e incentivos si había buenos resultados; trabajaban doce horas diarias en verano y nueve en invierno, y podían hacer las fiestas que marcaba el calendario. Eso sí, ser un artesano de la piedra también tenía sus inconvenientes, porque era un trabajo bastante especializado -solían trabajar para la Iglesia y para el rey o el señor feudal, que eran los que encargaban la construcción de catedrales, castillos o fortificaciones. Otros edificios como las viviendas, se realizaban en madera-. Por ejemplo, estaba obligado a viajar frecuentemente en busca de trabajo. Algunos de ellos, cuando lo encontraban, podían permanecer en la misma construcción durante toda su vida. Habían tenido la suerte de encontrar el sustento necesario.

Se cree que se empleaban en el proyecto de construcción de una catedral alrededor de 300 trabajadores, incluyendo los que trabajaban en la cantera, los carreteros y los carpinteros.


El maestro constructor:

El maestro constructor era un arquitecto, tal y como los solemos llamar hoy en día. Era un artesano de la piedra con conocimientos de geometría y planimetría. En la Edad Media, como actualmente, el maestro constructor se ocupaba de diseñar, construir y supervisar el proyecto, para que todo se hiciera según el plan. No fue así en el Renacimiento, donde las tareas de diseñar y construir iban por separado. El maestro constructor también se ocupaba de planear la cantidad de material que iban a necesitar y, en algunas ocasiones, podía contratar empleados. Además, era el superior del maestro-herrero, del maestro-carpintero... y de todas las personas a cargo de oficios necesarios para la construcción de la catedral. Como podéis suponer, el maestro constructor tenía un salario superior y se lo contrataba durante un año o incluso de por vida -lo que aseguraba una continuidad en el trabajo de diseño-. En algunos casos, también se le proporcionaba una casa en la que vivir con su familia. No ocurría así con los demás empleados, que se contrataban por semanas o hasta que los fondos se agotaban. Cuando el agotamiento de los fondos se aproximaba, y aún no habían encontrado más, podían empezar a buscar trabajo en otra parte.

Desgraciadamente, los maestros constructores no eran reconocidos. Su trabajo se conocía por el nombre del abad por el que trabajaban. Sólo algunos firmaban sus obras. Esa cuestión del anonimato era frecuente en la Edad Media. El artista era concebido como un simple artesano al servicio de su cliente.

Diseño:

En la Edad Media, así como también en tiempos más antiguos, se prefería construir las catedrales a partir del uso de la geometría. El maestro constructor no estaba habituado al uso del sistema decimal o del cálculo, así que usaba su propio método geométrico y de medidas. Como dice el artículo, gracias a que cada maestro aplicaba sus propias reglas geométricas para la construcción, este podía asegurarse una especie de copyright sobre su trabajo. Conocemos algunos maestros constructores porque aparecen sus nombres en algunos documentos, como en el caso de Villard de Honnecourt; pero en la gran mayoría de las veces, tan sólo podemos hablar de estilos.

También debemos tener presente que el maestro constructor dejaba mucho espacio a la creatividad. Que una estructura funcionara se debía a la experimentación y en la creencia de que aquello funcionaría. Este aspecto también puede verse en la serie: hubo complicaciones en la construcción de la bóveda hasta que no se encontró una solución estructural adecuada, basada en la incorporación de arbotantes. De hecho, se aplicaron arbotantes en la catedral de Kingsbridge porque Jack Jackson lo vio en Francia. Una muestra de transmisión de ideas debido a lo itinerante de la figura del maestro constructor. Las catedrales se diseñaban sección por sección, no enteramente, porque durante el proceso se podían hacer numerosos cambios. Por ejemplo, porque llegaban nuevas tendencias.



Consigue un ejemplar de «El pensionado de Neuwelke»

2/15/2013 Beldz 0 Comments


Quiero avisaros también por aquí de que en nuestra librería estamos sorteando un ejemplar firmado de El pensionado de Neuwelke, de José C. Vales. Además, viene envuelto como obsequio en una magnífica caja promocional. Hay tiempo para participar hasta el 24 de febrero incluido. Os agradeceré infinitamente cualquier difusión que podais darle al concurso. Para consultar las bases, pulsad en la imagen. ¡Animaos a participar!


Una vista del Jardín de las Tullerías de París

2/09/2013 Beldz 0 Comments


Últimamente estoy sintiendo una pasión enfermiza por los impresionistas. Los que me conocen lo habrán podido comprobar. No sé a qué se debe este entusiasmo, pero me encanta experimentarlo. Como cada vez estoy más convencida -si es que ya no lo estoy por completo- de que la pintura de paisaje es el género por el que siento más predilección, es evidente que el grupo de los impresionistas llegaría a conmover mi corazón. Especialmente Claude Monet. Podéis imaginar el día que descubrí la pintura que hoy os presento, y que aún no conocía: una resplandeciente vista del Jardín de las Tullerías de París, pintada por Monet en 1876.

En febrero de ese mismo año, Cézanne presentó a Monet un funcionario del gobierno francés, Victor Chocquet. Ese encuentro fortuito resultó muy beneficioso para Monet: Chocquet se convirtió en un gran admirador de los pintores impresionistas e invitó a Monet a pintar desde su apartamento de París, en la Rue de Rivoli, calle que precisamente discurre junto a las Tullerías. Monet pintó cuatro vistas del Jardín de las Tullerías desde la ventana del apartamento de Choquet, una de las cuales es esta que os presento. Podéis apreciar la composición: pintada desde un sitio elevado, presenta una vista aérea que acaba por confundirse con el horizonte. No es una pintura restringida a un espacio cerrado, sino que se extiende más allá del cuadro. Monet retrata un espacio concreto de una escena mayor, lo que nos da a entender la influencia que la fotografía empezaba a ejercer entre los artistas. 



Claude Monet 
Una vista del Jardín de las Tullerías de París (1876) 
[Musée Marmottan, París]

Los impresionistas, empeñados en retratar la vida moderna, no podían dejar escapar la creciente importancia de los jardines entre la sociedad del siglo XIX. En París, surgieron como consecuencia de la reforma urbanística del barón Haussmann, impulsada por Napoleón III. Esa gran reforma eliminó los estrechos e irregulares caminos surgidos ya en época medieval y convirtió París en un lugar espacioso, racional y más acorde con el gusto moderno. El jardín, por supuesto, tanto público como privado, se encontraba entre la voluntad del pueblo. Era un excelente espacio de recreo, tanto para las clases trabajadoras como para las más acomodadas. Aquí podemos ver cómo disfrutan de un agradable paseo. Monet emplea la pincelada suelta, como es habitual en su técnica, para transmitir un preciso momento del día. A pesar de las nubes que se alzan en el cielo, el sol ilumina toda la composición y hace resplandecer las diversas tonalidades de color verde que se mezclan en los árboles y en las zonas parceladas. Monet nos invita a compartir junto a él la hermosa vista que se alza ante sus ojos. Podemos imaginarnos, así, contemplando las Tullerías de París en un bonito día de finales del siglo XIX.